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(THE CONVERSATION) Sufriendo colapso económico y crisis humanitaria, Venezuela ha entrado en default después de que incumpliera el abono de los intereses en dos bonos.

El país necesita urgentemente ayuda financiera internacional, pero a esta altura resulta insensato esperar una mejora de la economía doméstica, la aceptación de ayuda humanitaria y la obtención de préstamos de organismos multilaterales o países aliados.

Es que Venezuela hoy tiene pocos amigos. Tanto los Estados Unidos como Canadá y la Unión Europea han implementado sanciones contra algunos funcionarios venezolanos y el país ha sido aislado en América Latina.

De todas maneras, los economistas y analistas sabemos que ninguna nación terriblemente endeudada está sola; la mayoría de las veces, hay actores internacionales que ven oportunidad en los problemas de los demás. En el caso de Venezuela, toda esperanza de rescate depende de China, Rusia y el Fondo Monetario Internacional. Pero, ¿van a ayudar?

Calculando la deuda

Antes de entrar en la posibilidad de un “bailout”, es útil entender cómo llegó a explotar la deuda externa de Venezuela, un país anteriormente rico.

Desde que Hugo Chávez tomó el poder en 1999, la producción de petróleo por habitante ha decrecido significativamente. En 1998 la producción de barriles anuales por habitante era un poco menos de 60 y para el cierre de 2017 – según datos compilados del Instituto Nacional de Estadística y el World Energy Report 2017 de BP – ese volumen descienda a 20, un tercio de lo que era hace 19 años.

Chávez contó también con precios de barril de petróleo bastante altos. Esto permitió que las exportaciones de Venezuela se elevaran de forma importante, a pesar de una producción per cápita en declive.

Las exportaciones crecieron y las importaciones tuvieron un boom histórico. El chavismo también dedicó deuda en divisas, además de la reducción de las reservas internacionales para postergar la caída de las importaciones.

Por ello, Venezuela mantuvo un nivel de deuda relativamente estable equivalente a unos US$25.000 millones hasta el año 2006. A partir de ese momento y en medio del boom de precios del petróleo, el gobierno incrementó rápidamente su deuda externa.

Hoy, según estimados, la deuda actual del sector público asciende a US$184.500 millones (monto considerablemente superior al que oficialmente reporta el Banco Central de Venezuela).

Para poder cumplir con sus compromisos a los prestadores – el gobierno tiene que pagar alrededor de US$16.000 a US$20.000 millones anuales en los próximos 5 años – Maduro tuvo que recortar de manera abrupta las importaciones, llevándolas a mínimos históricos. Como resultado, Venezuela ha visto exponencial crecimiento de hambre y escasez. Hoy casi 54% de los niños venezolanos sufren desnutrición.

Para garantizar a su pueblo un nivel básico de bienestar, Venezuela requiere tener las condiciones necesarias para llevar sus importaciones a un promedio de US$1.000 anuales por habitante. Hoy las importaciones salen la mitad de este monto.

Salvavidas externo

La deuda es interesante también por los intereses geopolíticos que despierta. Venezuela tiene US$28.100 millones de deuda bilateral con China y US $9.100 millones con Rusia, los principales países acreedores.

Tanto China como Rusia han indicado voluntad de ayudar financieramente, sin importar la crisis política o legitimidad del gobierno de Maduro.

De hecho, China se ha caracterizado por una posición de, al menos públicamente, mantenerse alejada de opiniones o exigencias respecto a la turbulencia interna de nuestro país. Según el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Pekín no interfiere en los asuntos internos de Venezuela.

“Creemos que el gobierno de ese país es capaz de manejar adecuadamente sus asuntos internos dentro del marco de la ley y mantener la estabilidad y prosperidad”, declaró a la prensa Lu Kang en octubre.

Hasta ahora, las instituciones financieras chinas no han desembolsado nuevos fondos y se han limitado a otorgar un período de gracia, de al menos año y medio, para el pago de amortizaciones de la deuda bilateral. Este beneficio, si bien es moderado, representó una válvula de escape que alivió la presión en el flujo de divisas.

El interés de China sobre Venezuela pareciera centrarse en la extracción de materias primas, como el hierro y otros metales, y recursos energéticos – es decir, petróleo. Esto quedó bastante claro al aceptar que Venezuela pagase los créditos otorgados por instituciones financieras de ese país con el envío de crudo y no con moneda extranjera.

A mi juicio no se debe dar por hecho una ayuda financiera significativa por parte de China. Para que ello ocurra, el gobierno debe mostrar señales claras de disciplina y eficiencia en el uso de los recursos desembolsados, cosa que parece poco probable.

Pero no se puede descartar la posible venta de activos de empresas mixtas petroleras u otras de las industrias básicas a China, para así recibir fondos en divisas.

Socorro de Putin

En el caso de un rescate ruso, el sesgo geopolítico es más claro. Rusia podría estar interesada en un aliado confiable en este lado del mundo – especialmente uno que mantiene posiciones antiestadounidenses y es el décimo primer productor de petroleo mundial.

El Kremlin también tiene intereses económicos complementarios alrededor de la explotación de petróleo, en especial los proyectos conjuntos que realizan empresas rusas junto con Petróleos de Venezuela, la compañia nacional de energía y gas.

Sus declaraciones son un poco más incisivas que las chinas también. Rusia y Rosneft, la empresa rusa petrolera, ya han ayudado a Venezuela a evitar un default varias veces, proveyendo US$10.000 millones in ayuda financiera.

En el New York Times, el experto petrolero Francisco Monaldi resalta a Rusia como “el único país que puede brindarle a Venezuela un salvavidas”.

El último recurso

Esta situación desesperada puede conllevar a Venezuela al último recurso: el Fondo Monetario Internacional. En mi opinión, la ayuda de este organismo multilateral sería la más apropiada.

El monto que podría prestar, sus condiciones de plazo y de tasas de interés son mejores que las que podría ofrecer China, Rusia o cualquier otro país. Difícilmente estos países puedan o quieran ofrecerle a Venezuela un préstamo de por lo menos US$30.000 millones – y menos aún con las tasas bajas que este organismo acostumbra a prestar para casos de crisis de países emergentes, las cuales están alrededor de 2%.

Los tenedores de bonos no suelen ver estas ayudas con buenos ojos, porque los países que reciben el apoyo del Fondo Monetario Internacional y otras instituciones multilaterales, “se le aconsejaría renegociar la deuda externa”, proceso que les puede salir caro a los inversionistas.

Venezuela hoy no tiene relación con el FMI. En reiteradas ocasiones Chávez también se ha referido de forma negativa sobre el organismo internacional, mencionando que debería “disolverse” o “desaparecer”.

Pero recientemente se filtró que este ente ya habría estimado un posible plan de ayuda financiera, aunque esta no necesariamente estaría pensada a realizarse con el actual régimen, que de todas maneras afirma no estar abierto a tal ayuda, sino tal vez con un futuro gobierno de transición más abierta y democrática. En este caso, cualquier rescate seguramente tardará en llegar.

This article was originally published on The Conversation. Read the original article here: http://theconversation.com/para-venezuela-en-default-no-hay-rescate-86599.

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